Artículos - 2012 - 1
     
 

Extracto del libro "Devoción y Milagro. Historias y leyendas de la Semana Santa de Jerez". (Andrés Cañadas Salguero)

 
 

 

CONSUELO DEL PELIRÓN

El jerezano barrio del Pelirón está compuesto por un entramado de casas generalmente de una planta o de dos, ordenado en base a una avenida principal o ronda que se sitúa entre los límites que hoy marcan las avenidas de Arcos y la Paz así como los unifamiliares que se extienden a partir de la calle de Bruselas, y la zona de Nuevo Chapín delimitada por la calle del Alcalde Jesús Mantaras, desplegando entre ellos un conglomerado de viviendas de génesis sencilla y peculiar, que intenta mirar al futuro en base a la modernización de algunas de sus zonas.

Tiene su origen en una extensión de pagos donde los ganaderos de la provincia tenían su lugar de encuentro para llevar a cabo sus negocios y tratos, terreno en el que con el tiempo, los mismos vecinos fueron edificando sus propias viviendas, habitadas en su mayoría por familias trabajadoras de gente humilde. Un asentamiento que llegó a tener consideración de barrio, lo que sin embargo, y debido a su escondida situación tras la línea ferroviaria que cruza Jerez, permaneció aislado de buena parte del resto de la ciudad, siendo muchos los que ni siquiera sabían de su existencia a pesar de estar situado paradójicamente en el centro geográfico de la misma. Tuvo que ser a raíz de la reordenación urbanística de todo aquel sector y de la elevación de la vía del tren, cuando el Pelirón pudo abrirse al conocimiento del resto de la ciudadanía, permitiendo además que su arteria central uniese el barrio de la Vid con las barriadas de España y La Constancia, al tiempo que convirtiéndose de esta forma en una vía natural de paso entre varias zonas de Jerez hasta entonces separadas.

De todas formas, y a pesar de este anonimato en el que el barrio parecía vivir tras los muros del ferrocarril, hubo a finales del siglo XX, concretamente a mediados de la década de los ochenta, una referencia que cada año hablaba a toda la ciudad de la existencia de aquellas calles con nombre de históricas batallas tales como Batalla del Salado, de Aína, de Torrelobatón o de los Cueros, una referencia que sonaba entre cornetas y tambores, y que tenía como destino otra de aquellas procesiones de chavales, que invadían el atardecer del Viernes de Dolores. Se trataba de la ‘hermandad juvenil de la Virgen del Consuelo’, una agrupación de jóvenes que como otras tantas, desarrollaban su afición a lo cofrade a través de sus dos pequeños pasos, uno de misterio y otro de palio, pero que sin embargo, y por tratarse de adolescentes ligados a otras corporaciones nazarenas, aportaban a este movimiento ciertas inquietudes religiosas, si bien no regladas, sí paralelas al menos al asociacionismo eclesial.

Fue esto lo que provocó por ejemplo, que el nombre de su Virgen, en principio nombrada como de la Paz, desembocase en María Santísima del Consuelo, por tratarse de una advocación recogida entre las letanías del Santo Rosario -Consuelo de los afligidos- además de por estar sostenida en una de las cualidades del Espíritu Santo, “…el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho (Juan 14:26)” lo que habla bien a las claras de cómo a pesar de por entonces aún no caminar bajo las directrices de la Iglesia, era ésta una corporación con un futuro ciertamente señalado por Dios.

La Casa de la Virgen

Para comprender en toda su perspectiva la historia de la actual hermandad de Nuestro Señor del Amparo, María Santísima del Consuelo y Santa Ángela de la Cruz, hay que detenerse un instante en una de las viviendas del barrio, concretamente en la casa vecinal situada en cale Batalla de Aína 35, propiedad familiar de doña Catalina Rendón Arillo ‘Nini’, casa que la propia evolución de la cofradía considera como núcleo fundacional de la misma, así como permanente vínculo de sus hermanos a su pasado más entrañable y hermoso. Allí fue desde donde tuvo lugar el día 10 de abril de 1987, Viernes de Dolores, la primera salida procesional de la Virgen de terracota regalada tan sólo diez días antes por la vecina Doña Ángeles Estévez al grupo de jóvenes que desde mayo de 1985 tenían constituida su ‘hermandad’, fue igualmente desde donde procesionó en la misma jornada de manera ininterrumpida hasta 1994, y fue donde junto a otras viviendas de Batalla de Torrelobatón 27, o Ronda del Pelirón 8, permaneció la imagen hasta su definitivo traslado a la parroquia de Nuestra Señora de Las Viñas, acontecido en 1996.

Conocida desde entonces como ‘La Casa de la Virgen’ debido a las indudables referencias marianas experimentadas durante tantos años en torno a la permanente presencia de la dolorosa, ni el cambio de los tiempos ni la posterior evolución de la actual cofradía según las pautas marcadas por la autoridad parroquial, aminoraron un ápice el profundo sentimiento filial de los devotos y hermanos hacia aquel lugar, llamado cariñosamente por algunos de los vecinos más veteranos ‘

trocito de Cielo en la tierra’ o sencillamente ‘el Paraíso’, tal es la relación que desde entonces existió y existe entre quienes vieron a sus hijos crecer jugando a la Semana Santa, y el enclave que siempre los acogió convirtiéndolos en hombres. Además, se tiene por cierto en el Pelirón que aquellos muros fueron en su momento lo más adecuado para la feliz convivencia de sus jóvenes, hasta tal punto que prácticamente al unísono, toda la hermandad se juramentó una vez constituida para impedir el desgarro con la entraña más profunda de su nacimiento, existiendo una vieja fórmula que señala que “..si alguna vez no se puede ir a la Catedral, pues no se va, pero nunca se dejará de pasar ante la Casa de la Virgen.”

De hecho, hasta que la cofradía pudo edificar en 2010 su propia capilla, la cercana casa de ‘Nini’ fue testigo cada noviembre de las misas de campaña que ponían término a los cultos dedicados a Santa Ángela y de la posterior procesión infantil con la imagen de ‘Madre Angelita’, e igualmente de unas entrañables convivencias de verano, en las que corporativamente se volvían a recuperar los lazos perdidos con los primeros fundadores de todo lo llegado después. Además, y una vez establecida la corporación en su definitiva sede, lo reducido de unas dimensiones sólo aptas para la salida de pasos, determinaron que el cortejo de nazarenos quedase citado cada Miércoles Santo en este mágico rincón, en el que un patio de naranjos al sol entre brisas de la tarde, alcanza misterios de improvisado templo, enredado en rezos previos a la estación de penitencia y trinos nerviosos de gorriones y vencejos.

Del ‘pasito’ a la parroquia

Siguiendo la estela señalada por otras asociaciones juveniles a comienzos de la década de los noventa, cuyo ejemplo principal lo marca la hermandad de la Clemencia en San Benito, la parroquia de Las Viñas por medio de su párroco, don Juan Celio Jacinto del Castillo, emprendió la labor de retirar de la calle una de las procesiones de Viernes de Dolores sin duda más seguidas de cuantas existían, invitando a sus organizadores a meditar serenamente la posibilidad de integrarse como uno más de los grupos parroquiales de la misma, o lo que es lo mismo planteando la futura posibilidad de que pasados unos años, pudiese surgir de ellos una nueva hermandad de penitencia. Encontró pronto acomodo esta perspectiva de futuro, y así, en 1995, el primitivo palio de la Virgen del Consuelo quedó sin procesionar el Viernes de Dolores, realizándose en cambio una Celebración de la Palabra en torno a la devoción a María Santísima, e iniciándose en aquel mismo instante el complejo proceso de fundación de una Asociación Parroquial, que señalaba como fecha de especial importancia la del 29 de marzo de 1996, cuando al mismo tiempo de ser constituida, Monseñor Bellido Caro procedía a bendecir la dolorosa realizada diez años antes por el imaginero jerezano Pedro Ramírez Pazos.

Así nació la andadura ‘oficial’ de aquel grupo de herederos de su propia infancia, un camino que no sin complicaciones de todo tipo superó etapas sacrificadas e ilusionantes iniciadas con los primeros besamanos y cultos cuaresmales, y que con la única excepción de la salida en Santo Rosario de la imagen de la Virgen el 31 de marzo de 1997, Festividad de la Visitación, mantuvo a la corporación ‘encerrada’ en el interior de la parroquia, hasta que pasados cinco años revertió esta situación, como bien explica la propia hermandad en su sitio web: www.consuelodelpeliron.com

“…después de cinco años de no procesionar por las calles de su barrio tras haber sido erigida como Asociación Parroquial, el 7 de Abril de 2001 María Santísima del Consuelo regresó al Pelirón. Muchos fueron los inconvenientes que se encontraron para la solemne salida procesional de este primer Sábado de Pasión, lo que finalmente se hizo gracias a la ayuda y la colaboración de muchas personas; entre otros muchos enseres, cabe destacar la cesión del paso de la hermandad de San Antonio, y los respiraderos del Carmen, de Bonanza, ambos de Sanlúcar de Barrameda, además de la antigua candelería de la hermandad del Cachorro de Triana. Ya en este primer año fue la Banda Municipal "Maestro Dueñas" de El Puerto de Santa María, la que puso el acompañamiento musical a la Virgen…”

Tras este reinicio, la joven asociación se planteó la necesidad de encargar su propio paso, lo que hizo al sevillano taller de Francisco Pineda, mientras en estrecha colaboración con el párroco, y desarrollando su acción cultual de Cuaresma con salidas vespertinas en la jornada del Sábado de Pasión, aguardó pacientemente a que desde el Obispado llegasen buenas nuevas en torno a su porvenir, noticias que de la mano de Monseñor Juan del Río Martín, segundo obispo asidonense, abocetaron como referencia la fecha del día 8 de diciembre de 2004. En esa jornada, y tras que la Catedral de Jerez conociera la primera Coronación Canónica de una dolorosa jerezana, María Santísima de la Concepción, el prelado anunció la erección canónica de las nuevas hermandades del Rocío de Chipiona, Soberano Poder, Redención y María Santísima del Consuelo, cuyo hermano fundador Víctor Manuel Abeledo Rendón, fue el encargado de recoger el Decreto de manos del pastor.

A partir de este instante, los hechos se precipitaron si solución de continuidad, estableciéndose desde entonces que siendo ya nueva hermandad, la estación de penitencia en la jornada de vísperas del Domingo de Ramos se efectuara a la cercana parroquia de San Pedro, lo que aconteció con el cortejo de cofrades vistiendo ya su túnica nazarena el día 19 de marzo de 2005, y lo que dejó paso igualmente en 2007, a la primera llegada de la cofradía a la Carrera Oficial, en la jornada del Miércoles Santo. Desde entonces, los empeños se centraron en la consecución de un oratorio propio que albergase de nuevo en su barrio las devociones marchadas un día al templo de la Vid, y así, el día 12 de marzo de 2010 se alcanzó el esperado sueño del regreso, pudiendo entrar en la Capilla de María Santísima del Consuelo, en Ronda del Pelirón 49, tanto la Virgen como el Nazareno del Amparo, tallado en 2003 también por Pedro Ramírez, además de la imagen de Santa Ángela de la Cruz, talla de Juan Antonio Martín donada a la cofradía en 2004 por la familia Fatuarte – De la Torre.

‘Consoladora Madre’

La hermandad del Consuelo se marcó desde sus primeros años de vida como una de sus tareas principales, el acercamiento de la parroquia no tan sólo a los vecinos del barrio del Pelirón, sino también a los de zonas anexas como Hacienda El Polo, Recreo Lucelma, Los Pinos, Residencial Olimpus, o Jardines de la Universidad, una acción social que compatibilizó a través de campañas benéficas y divulgativas con la normal actividad de una cofradía penitencial, lo que determinó una sencilla pero a la vez marcada personalidad, llena de detalles inamoviblemente hermosos. Esta fue la razón de elegir para sus nazarenos una túnica repleta de singularidad basada en el azul color mariano y en el hábito de las Hermanas de la Cruz, y esta fue la razón igualmente que diseño de manera casi definitiva, un estilo procesional inalterable, en el que a la salida siempre nos permitió escuchar ‘Mater Mea’, en Casa de la Virgen ‘Cristo de la Alcazaba’ y ‘Amargura’, y en la recogida, ‘Soleá dame la mano’.

Además, todo en la cofradía giró siempre en torno a las tres advocaciones de su título, creando rápidamente un importante poso devocional en torno a las imágenes, algo característico por otra parte en todas las cofradías arraigadas en su zona de manera tan profunda. Por todo ello, no es de extrañar que de manera anónima, hayan sido constantes los ejemplos que alguna vez contaron algún especial favor atribuido al Señor, a la Virgen, o a la Santa, algunos sencillos y llenos de simpatía, y otros, ciertamente cargados de incógnitas. Uno de ellos refiere la preocupación de un estudiante de la serrana población de Setenil de las Bodegas que debía superar un difícil examen en la vecina y malagueña localidad de Ronda, encomendado con Fe a las estampas de Jesús del Amparo y María del Consuelo, examen que pasó con éxito según refería, gracias a la ‘ayuda’ recibida de aquellas imágenes, y otro de tantos cuenta cómo entregada con fervor a ‘Sor Ángela de la Cruz’, una madre consiguió gracias al Cielo, que el destino confiado a su hijo Guardia Civil, fuese a escasos kilómetros de su casa, y no donde las peores previsiones apuntaban en principio.

Junto a estas historias, viaja igualmente el recuerdo hacia un pasillo del Hospital Reina Sofía de Córdoba, donde faltaban pocos minutos para una operación delicadísima que buscaba remedios imposibles a un cáncer extendido con apuntes de metástasis, ante la desolación familiar, y el infinito miedo reflejado en los ojos del paciente. Consciente de su estado, se despidió de su hermano antes de entrar a quirófano diciendo “…que el Señor me ampare”, a lo que la respuesta inquirió rápidamente “…y que la Virgen te dé consuelo.” Resultó afortunada la intervención, remontando incomprensiblemente poco después la salud de aquel hombre, quien junto a su hermano donó pasado un tiempo una túnica de brocado al Señor, en pago por aquel favor concedido.

Apuntes de signo diverso, entre los cuales también conocen los cercanos a la Virgen del Consuelo uno sucedido ante sus mismas plantas, una tarde tranquila de paseos en la que tocaba cambio de vestuario a la Señora.

Sucedió entonces que con intención de pedir a Santa Ángela algo ciertamente complicado en torno a la grave salud de un joven, su madre y su hermana acudieron a la capilla, encontrándose de una parte el inminente cierre de la misma para las labores que llegaban a continuación, y de otra, la invitación a participar de este íntimo acto, algo habitual en una hermandad que siempre permite a las mujeres, asistir al cambio de la dolorosa. Sorprendidas pero a la vez llenas de piedad ambas aceptaron el ofrecimiento, teniendo la suerte a la vez de permanecer más tiempo encomendadas a sus rezos, y de hacerlo junto a la bella sencillez de la desnuda Madre de Dios.

No fue posible contener más tiempo la emoción, y envueltas en lágrimas, recibieron el abrazo confortador de Fernando Barea, vestidor de la imagen y viejo conocido de sus muchas tardes de similar labor en la Plazuela ante la Esperanza de la Yedra, quien amablemente las invitó a compartir su dolor con aquella Virgen Niña revestida tan sólo de enaguas. Les pidió que abrazasen a la imagen, y que le contaran al oído su problema, seguro de que la Madre todo lo escucha, “…a pesar de esas orejitas tan pequeñas que tiene bajo su pelo.”

Cuentan que el instante fue duro, doloroso, cruel y hasta violento, y cuentan quienes allí vivieron aquella situación, que pocas veces se oyó a nadie vaciar con más verdad la condena acunada dentro del alma.

Pero la Virgen escuchó, tal y como había anunciado sin dudas de ningún tipo el vestidor, y pasados unos días, las pruebas efectuadas en el Hospital, hablaron de limpieza donde antes no la hubo, y de males ya pasados en aras de un mañana lleno de salud, siendo aquella misma fecha cuando llegó hasta la hermandad del Consuelo, una nueva petición de alta como hermana, para uno de los dos desconsolados llantos de aquella tranquila tarde de paseo…

Un recuerdo a don Rafael

Como resumen a todo, como compendio final de lo que a veces significan estas cosas, quizás nada mejor que la frase que Monseñor Bellido Caro pronunció el 29 de marzo de 1996, Viernes de Dolores, tras la ceremonia de bendición de la Virgen en torno a la cual, unos jóvenes habían decidido crear una futura hermandad de penitencia. Entre besos, lágrimas y abrazos por el recorrido andando y por el anhelo logrado, una fuerte ovación jalonó el final de aquella celebración, ante la que el prelado, pidiendo prudencia y silencio, comentó:

- “En verdad que encontramos consuelo, delante del hermoso rostro de esta consoladora Madre…”